Inquieta más el crecimiento que la inflación

Escaso, por no decir nulo impacto exportador, inversiones que no aparecen, inflación, falta de competitividad, así, el rumbo tiene muchas curvas y contracurvas que dificultan el desarrollo.

A fines de 2017 se anunciaron cambios sobre los objetivos de inflación, bajar de 10 a 15% anual para el 2018, esto no es otra cosa que una prueba más de los desaciertos del gobierno que maneja un plan sin anclaje. Demasiados cambios ministeriales sumados a más modificaciones sobre las metas fiscales, opacan la credibilidad, aunque por ahora, sin afectar la gobernabilidad conseguida. Sin embargo, en esta etapa lo verdaderamente relevante pasa por achicar el déficit fiscal, para que la deuda sea sostenible. En economía, la alta tasa de interés afecta el desarrollo y el nivel de actividad, lo cual disminuye la recaudación entorpeciendo la merma del déficit. La realidad indica, que la tasa real de interés será como mínimo de 3 puntos menos a la esperada, y que el tipo de cambio puede consolidarse por arriba del precio de principio de año. Esto atenta contra el objetivo inflacionario que de hecho se corrigió del 16,6 y se lo llevo al 17,4 para este año. Argentina en materia económica termino el 2017 con un contexto monetario incomprensible. Las tasas de interés a corto plazo con un 11% arriba de la inflación, y en frente, una expansión crediticia increíble. La sorprendente liquidez del sistema financiero de 2017 hizo que los bancos se desentendieran de atraer depósitos. Pero en 2018, o los bancos salen a buscar ahorros, o la oferta de créditos empieza a aquietarse. Por un lado o el otro, el aporte del crédito al crecimiento está predestinado a ser mucho menor que en 2017, donde los préstamos al sector privado creció 2 puntos del PIB. El pobrísimo desempeño exportador, muy por debajo de lo esperado, y las inversiones que no llegan, son las principales preocupaciones ya que perjudican el crecimiento. En materia de intercambio, las ventas del sector agroindustrial calculan ni siquiera podrá repetir los números del 2017, los demás rubros están peleando con el valor del dólar que castiga sin piedad la competitividad. Y aunque el tipo de cambio aumente, hay que ver cómo influyen los costos internos y los salarios. La perspectiva de un crecimiento progresivo es crucial para el avance de inversión, que está lejos de ser la esperada. El problema esencialmente es el deterioro del ahorro argentino, debido al alto déficit fiscal. Es por ello que el Central no puede hacer demasiado para contrarrestar la inflación. Durante el año pasado el crecimiento monetario ascendió a 610 millones de pesos y una cuarta parte de esos fondos son traspasos directos del central al tesoro, siendo el 44% la compra de 16 mil millones de dólares causados por la deuda externa. Mientras continúe igual el déficit fiscal, las expectativas seguirán siendo poco seductoras. Son muchos los frentes abiertos, y se hace inevitable ir corrigiendo el rumbo a medida que se avanza.

Fuente Redacción

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