El nuevo dolar: ¿Le sirve al Comercio Exterior o complica más las cosas?

 

En medio de una fuerte inestabilidad internacional y de notables errores del Gobierno, el tipo de cambio juega su partido. Córdoba podría beneficiarse.

Desde el primer día hábil del año, el martes 2 de enero, al martes 26 de junio, día en el que la selección argentina de fútbol pasó a octavos de la Copa del Mundo en un infartante partido, el tipo de cambio se revaluó en un 48 por ciento (el 50, para hablar en criollo), y colocó al mundo del comercio exterior en un nuevo escenario.
El dólar a casi 28, ¿es para celebrar o para angustiarse?, se preguntan no pocos empresarios, tanto exportadores como importadores, bajo el sombrío fantasma del desesperante déficit fiscal que, lejos de recudirse, aumenta por el impacto de la sequía en el campo. En estos días ajetreados, con Dante Sica sentado como nuevo ministro de Producción en reemplazo de Francisco Cabrera, la atención está puesta en si el nuevo dólar recompondrá el frente externo. Dicho de otra forma, si ayudará a exportar más y, en algún punto, le pondrá coto a las importaciones en los llamados sectores “sensibles” como calzado e indumentaria. Sica, a poco de andar, proclamó que “el dólar de 28 o 29 pesos deja cómodas a diversas actividades. Para algunas es un tipo de cambio muy bueno y a otras les da un espaldarazo para la salida exportadora. La preocupación más fuerte a futuro va a ser mantener este tipo de cambio, luego de este esfuerzo”, señaló. Pero, aún si se pudiera olvidar por un momento el correlato en los precios internos, ese concepto está por verse. Emanuel Álvarez Agis, ex vice ministro de Economía durante el kirchnerismo, y un economista bastante equilibrado en sus críticas al actual oficialismo, sostiene que el dólar más alto por sí mismo no aumenta las exportaciones ni genera un efecto expansivo. “Nadie en el mundo nos va a comprar más harina porque aquí el dólar cueste más caro, en todo caso baja los costos de producción en pesos de ese producto pero para el mediano y largo plazo y siempre que se consiga frenar la inflación”, argumentó. Cristiano Rattazzi, presidente de FCA, proclamó que un dólar a 26 ayudaría al proyecto de Fiat en Córdoba. La realidad lo superó.

 

El dólar Rattazzi se quedó corto

Rattazzi, se entiende, no imagina que un dólar alto aquí vaya a aumentar las ventas en Brasil. Pero reduce los costos de producción y eventualmente puede significar un abaratamiento del producto o generar un colchón para no tener que aumentar en el futuro. Para el economista especializado Juan Manuel Garzón, este dólar cercano a 28, representa dos caras para el campo en su conjunto. “A las actividades agricolas las impacta positivamente. Granos, oleaginosas, son productos de exportación. En el complejo sojero, más del 90 por ciento va a la exportación. Ahí la devaluación pasa rápidamente a los precios de esos productos”, evaluó ante CONTAINER. En el caso de actividades vinculadas a la ganadería y a los tambos, la situación es diferente porque la devaluación “les infla los costos, ya que tienen los costos dolarizados, por ejemplo, en la alimentación de los animales”, indicó. “Los costos se actualizan rá- pidamente por el tipo de cambio pero no se traslada con igual velocidad a los precios. No se exporta hacienda directamente, ni leche cruda. Lo que se exportan son carnes y leche en polvo”, agregó. Además se da que el mercado de las carnes y de los lácteos tienen un mercado interno muy importante, más del 80 por ciento termina aquí adentro. “Y el mercado interno no va a dar espacio para que los precios suban mucho, porque el consumo ya es alto en el caso de las carnes y los presupuestos familiares están ajustados”, detalló. En el mediano plazo, Argentina tiene mucho potencial, pero eso puede ocurrir en el futuro, luego de un trabajo de penetración en los mercados. Por ahora no se está viendo. El dólar alrededor de 28 sí favorece a las economías regionales, como el caso de maniceros y productores citrícolas. Pero a algunos, les mejora la exportación, pero les complica el mercado interno, como el caso del vino. “Es imposible hacer una afirmación global que diga que el campo se beneficia por el tipo de cambio más alto”, resaltó Garzón.

 

Sólo con el verde no alcanza

En tanto, para el operador de comercio exterior Daniel Griboff, el dólar cerca de 28 complica “porque suben los precios y a nivel interno los importadores se guardan el stock hasta que no haya condiciones claras para la venta”, dijo. También impacta en productos de consumo masivo, que se van a volver menos accesibles para el consumidor. En la parte industrial también repercute por el tema de que los autopartistas y las demás industrias reciben insumos importados que los obliga a renegociar precios, lo cual alcanza una complejidad y un esfuerzo importante, tanto para sectores como el autopartismo o los alimentos. “No me parece que este dó- lar vaya a desencadenar un boom exportador porque me parece que no se generó nada nuevo. Lo que había era una caída de las exportaciones por falta de competitividad” que ahora se corrige parcialmente. Y la falta de planes para exportar más es “preocupante”, dijo el despachante. “Es algo que el Gobierno debe rever e imagino que el nuevo ministro Sica lo va a hacer. Es un foco que se debe trabajar”, concluyó.