Comercio exterior: apertura o protección
Cuando la economía suena, un ciclo de recesión trae, esto aporta algunas consecuencias no deseadas para el sector empresario, y entonces se hace presente el reclamo de protección sobre la importación desmedida. Claro es, que el motivo de esta queja es entendible, dado que la fuerte contracción económica amenaza la rentabilidad y las fuentes laborales.

Sin embargo, las consecuencias sufridas en años anteriores por ponerle un parate al comercio global imponiendo mano dura, no trajo ningún buen resultado, ninguno, es más, nos costó una sentencia en contra de la OMC y entorpeció en forma clara y drástica el intercambio con nuestros principales destinos.
Entonces la pregunta es, ¿qué hacer? cual es el modelo a seguir, es crucial un debate de coyuntura. Se dice que la apertura comercial trae aparejado un atraso cambiario que sirve de ancla de precios, de hecho, los últimos años de la gestión K tuvieron esa característica. El cepo bloqueó una parte del impacto, pero paró el ingreso de insumos y paralizó a distintos sectores de la industria.
Es casi imposible crecer cuando solamente puedo atender el mercado interno, claramente tiene techo.
El proteccionismo sin una seria interpretación de las necesidades de cada sector, es tan o más nociva que la apertura total y sin control alguno.
El mundo está llamando, es una excelente oportunidad para crecer, pero para lograrlo debemos ser más eficientes, contar con innovación y calidad es crucial, ello nos dará posibilidades de competir con costos que estén a la altura de las circunstancias.
Hay por delante un gran desafío, lograr la tan criticada competitividad. El compromiso, por sobre todas las cosas es responsabilidad del Estado, darle al sector privado lo necesario para lograrlo, ahora bien, el sector empresario argentino alguna vez tiene que poner su parte… de responsabilidad.
