Crisis global: un problemático 2016

Esta noción de incertidumbre y permanente cambio es muy buena para tener las antenas alertas y en buen estado, pero implica un constante desafío al saber cotidiano y el valor de la experiencia. Global-Money

Pensemos por un momento, que nos hubiera deparado en el pasado una caída del barril del petróleo a un tercio de su valor en menos de 18 meses (de U$S 100 a 30 el WTI ) desde el punto de vista de ingreso disponible de estados, empresas, personas y su impacto favorable en el PBI dado que son muchos más los países netos importadores que los exportadores y que representan más del 85 % del producto y población mundial.

Aún así, algún efecto se observa, India está creciendo más que China; a Pakistán y a la mayoría de los países africanos subsaharianos les va mejor, para la Unión Europea hay un 2 % de PBI que se puede volcar a bienes de consumo, por el menor valor de compra de petróleo, pero en las cifras globales el impulso al crecimiento ha sido desalentador, lo que en el fondo está indicando una situación peligrosa y problemática para este año recién iniciado.

Hay factores que estarían incidiendo y mucho para este estado de cosas: baja productividad en los países industriales, la deuda pendiente y no resuelta de la Gran Recesión y la necesidad de reconversión del modelo de crecimiento basado en las exportaciones en una serie de países emergentes comenzando por China, pero que afecta a otros de esa misma región.

En teoría, si tenemos petróleo más barato y se necesitara algo más para incentivar la demanda los intereses bajos deberían levantar las inversiones y crear empleo, pero todo indicaría, en las actuales circunstancias, para una situación de inflación estable, esa tasa debería ser negativa, esto explicaría la atracción de los bancos centrales hacia el ya famoso “quantitative easing”; sin embargo los resultados logrados hasta ahora son cuanto menos dudosos.

Los países desarrollados podrían quizás seguir con reducido crecimiento, dado que el ingreso per capita es ya de por sí elevado, sin embargo hay como mínimo tres razones para impulsarlo: dar mejores oportunidades para los jóvenes y de esa forma sostener a los mayores que son cada vez más; evitar primero y reducir luego el avance de la desigualdad, y por último para contrarrestar las consecuencias del cambio tecnológico y la globalización que indudablemente “absorbe” puestos de trabajo hasta cierto nivel de crecimiento, es imprescindible crecer más y no menos.

Sin embargo, hasta ahora no se ha encontrado el camino adecuado en la mayoría de los países desarrollados y el espectro de la deflación está presente. De hecho en los últimos tiempos han encarado otro canal para intentar crecer que ha sido depreciar sus monedas, a través de agresivas políticas monetarias y de esa manera vender más a países emergentes; pero esto choca con dos inconvenientes: la experiencia acumulada de las crisis financieras de los años 90 y las propias devaluaciones de sus monedas que han hecho la mayoría de los PED, visto la caída de ingresos por la reducción los precios de las commodities.

La ausencia de un sistema monetario global, está llevando por un lado a perder el lado positivo de reducciones de precios como el del petróleo, a dejar en el camino imprescindibles reformas estructurales en los PD, a sostener la aplicación de políticas monetarias no convencionales y devaluaciones competitivas impulsadas a través de esas agresivas políticas, que inducen a la fuga de capitales y guerras cambiarias.

Conclusión. El actual no sistema monetario global, lleva indefectiblemente a otra crisis, sin que a la larga nadie como país salga beneficiado, es un claro caso para la intervención del Fondo Monetario Internacional dada su responsabilidad para el mantenimiento de la estabilidad global, condición necesaria para el desarrollo sostenible que el mundo necesita imperiosamente y evitar males mayores que están a la vera del camino.

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