La miopía del Mercosur
El Mercosur siempre ha sido manejado por una política de cabotaje.

Por Carlos Canta Yoy
Hace muchos años, un ministro de Economía del Uruguay, que también era muy conocido por su labor académica en la Argentina, en tiempos que ejercía su cargo en los años inmediatamente anteriores a los comienzos del Mercosur, dijo públicamente que el Mercosur era una utopía.
Quizá haya lamentablemente tenido razón. Aunque estamos seguros que si se hicieran las cosas como se debe, sería una realidad. Una buena realidad.
Pero si se convirtió en una utopía es por los desaciertos, las contradicciones y la ineficiencia de nuestros gobernantes, sin distinciones de ideologías o partidos políticos.
Después de más de veinticuatro años hemos retrocedido a pasos agigantados. Hemos fracasado en lo principal: la integración puertas adentro. Y hemos fracasado también en la imprescindible inserción en el mundo, dado que cada vez estamos más aislados de los acontecimientos mundiales. La política y la instrumentación de la integración puesta en manos de las Cancillerías (en los comienzos del Mercosur no fue así) ha sido de cabotaje por decir lo menos agresivo. Ha sido un fracaso total. Estamos menos integrados que nunca. El comercio entre Argentina y Brasil (los dos países mayores y principales) ha decaído a niveles increíbles. El comercio del Mercosur es solamente alrededor del uno por ciento del comercio internacional. No significamos nada ni le importamos verdaderamente a nadie.
La historia del Mercosur es la historia de un mercado común que nunca fue, pero tampoco hemos sido una unión aduanera y apenas tenemos una zona de libre comercio ahogada por las excepciones y por las restricciones no arancelarias (derechos de exportación, declaraciones juradas, licencias previas no automáticas, controles de cambios y devaluaciones intempestivas y salvajes, cupos para exportar, control de cambios, etc., etc.) o por el comercio administrado como es el caso de la industria automotriz.
Los continuos y bruscos vaivenes de la política exterior de los gobiernos argentinos que en la década de los noventa fue partidario de la globalización, de la apertura comercial, del acercamiento a los Estados Unidos y del liberalismo económico, hemos pasado en la primera década y media siguiente a un nacionalismo cerril, al cierre del comercio exterior, a la asfixiante intervención estatal en las importaciones y exportaciones, a los controles mediante una arsenal de medidas restrictivas que han hundido a fundamentales rubros de la producción, al proteccionismo más crudo, a la amistad estrecha y estéril con gobernantes autócratas y populistas.
Si seguimos así a los países del Mercosur y a sus habitantes no debe quedarles mucha esperanza de concretar lo que nos prometieron hace más de dos décadas.
