La vuelta del Estado a la economía
Todavía estar por verse si las políticas keynesianas sirven para enfrentar la crisis internacional. Mientras tanto, es indudable que la presencia del estado aumentará en distintas naciones.
El fin de la guerra fría marco también el fin de una bipolaridad político-económica a nivel mundial. A partir de la caída del muro de Berlín se estableció la hegemonía norteamericana y se implementó un modelo económico neoliberal en prácticamente todo el mundo. El FMI, fundado en 1945, nunca gozó de tanto protagonismo como en los 90’. Greespan, Friedman, Soros, Cavallo, Menem y Bush fueron algunos de los economistas y políticos que siguieron al pie de la letra las teorías económicas ortodoxas del escocés Adam Smith.
Smith defendía la idea de un “orden económico natural”. En “La Riqueza de las Naciones” explicitó su teoría sobre la división del trabajo y como la ampliación de los mercados abría posibilidades ilimitadas para el progreso material. Así la sociedad aumentaría su riqueza y su bienestar mediante la producción especializada y el comercio entre las naciones.
Pero la actual crisis económica mundial ha sido un duro golpe a los ortodoxos y neoliberales seguidores del escocés, generando un importante debate de ideologías económicas. Los economistas heterodoxos tratan de reaparecer en escena, se habla más de Marx hoy que durante la guerra fría. Las librerías han agotado los ejemplares de “El Capital” y en Argentina se habla de “Kirchnesianismo” -en alusión al juego de similitudes entre las medidas del oficialismo y el keynesianismo-.
Tanto Marx como Keynes trataron de demostrar, cada uno en su época y desde diferentes enfoques, las fisuras estructurales del capitalismo. Caminaron por la vereda de enfrente de aquellos que creían en la mano invisible y conciliadora del mercado.
Hoy el avispero de ideas y conceptos se presenta movido. Greespan, símbolo de la economía ortodoxa y presidente de la FED (Reserva Federal de los EEUU 1987-2006), dijo a fines del año pasado: “Mi opinión era que los mercados libres y competitivos son de lejos la mejor manera de organizar la economía. A lo mejor cometí un error al confiar en que los mercados podían regularse a sí mismos”.
Hasta el momento fue muy poco lo que hicieron los países desarrollados a fin de paliar la crisis. Los países europeos realizaron planes de salvataje bancario, bajaron la tasa de interés y trataron de incentivar el consumo a través de créditos y la reducción de impuestos. Pero hasta el momento eso de poco sirvió.
El Congreso norteamericano aprobó un “salvavidas financiero” de 700.000 millones de dólares para rescatar bancos, sin embargo anduvo con muchas vueltas para aprobar U$S 30.000 millones para evitar que tres millones de obreros de Ford, Crysler y GM quedaran sin empleo. La industria automotriz brasilera fue una de las pocas que reaccionaron a la bajo de impuestos impulsada por el gobierno de Brasil. En la Argentina poco lograron los planes del gobierno en sus intenciones de repuntar el consumo de electrodomésticos, automóviles y camiones 0Km.
En el presente contexto la economía argentina se ha convertido en caso de estudio ya que nuestra crisis doméstica del 2001 tiene rasgos comparativos a la crisis mundial de la actualidad. La entonces reactivación del país, sin dudas muy poco ortodoxa, fue considerada un éxito. En aquel momento los primeros en recordar a Keynes fueron los economistas del Plan Fenix y luego el gobierno de Néstor Kirchner.
Keynes planteaba la necesidad de un estado fuerte e intervencionista, capaz de comprar mano de obra e inyectar grandes montos de dinero para financiar obras publicas. De este modo, así como lo planteaba Keynes, se logró aumentar la producción, generar empleo a través del incremento de la demanda y el consumo interno. Si las personas poseen más dinero para gastar necesariamente habrá más empresarios dispuestos a producir bienes, para hacerlo necesitaran contratar más empleados y harían que en poco tiempo se reduzca drásticamente la desocupación. Con más empleados habrá más gente que consuma y así sucesivamente.
El gobierno de Kirchner generó un importante monto de reservas en el Banco Central y estatizó las Administradoras de Fondos de Jubilación y Pensión (AFJP), tratando de generar medidas similares como: aumento del gasto público en obras, créditos y el aumento de sueldos a fin de aumentar la demanda agregada, incentivando el consumo, la producción y la generación de puestos de trabajo.
La economía tiene como mayor objetivo el bienestar y la equidad social. Quedo evidenciado que la mano invisible no es capaz de garantizar la distribución equitativa de la prosperidad económica. Una economía de mercado retribuye a los individuos de acuerdo con su capacidad para producir cosas que otros están dispuestos a pagar frente a un Estado ausente. Hoy es impredecible saber cuándo finalizará esta crisis internacional, y como serán los nuevos modelos económicos. Los debates seguirán existiendo, lo único cierto es que aparentemente el Estado volvió para quedarse.
