Las relaciones comerciales internacionales frente a la crisis
Un esquema de protección generalizada a la industria local, tipo DJAI -incluido un informal esquema de compensación de exportaciones por importaciones- puede llevar a medidas de represalia explícitas o implícitas.
En diversas ocasiones, y muy frecuentemente en los últimos meses, me han preguntado cómo medir los costos de una determinada política de protección y/o de restricción a las exportaciones.
Mis respuestas, en algunos casos, han hecho hincapié que dependiendo de las características de los instrumentos usados y de su alcance temporal, sus consecuencias serán más o menos fáciles de advertir en el corto o mediano plazo.
Un esquema de protección generalizada a la industria local, tipo DJAI –incluido un informal esquema de compensación de exportaciones por importaciones-; puede llevar a medidas de represalia explícitas o implícitas, por caso, aplicación de LNA por Brasil sin previo aviso a productos seleccionados por la importancia de ese destino, para elaboradores regionales o el anuncio indio de menores compras de aceite de soja, para compensar las trabas argentinas.
En otros casos, puede llevar a la cancelación de posibles inversiones y también puede afectar determinados destinos de exportación si estos son objeto de competencia con los provenientes de los países europeos en crisis (que son todos exceptuando Alemania, Austria y los países nórdicos).
En un plan más lejano, la crisis ganadera 2008/2010 –derivada en gran parte de privilegiar el mercado interno restringiendo las exportaciones, más el golpe de la sequía– produjo una fuerte pérdida de stocks, y una consecuente elevación posterior de los precios internos por sobre los internacionales, contrayéndose la faena, el consumo y las exportaciones por falta de volumen y rentabilidad; resultado: cierre de los frigoríficos tecnológicamente más avanzados, con miles de despidos.
Hacia fines de junio fue noticia el cierre temporario con suspensión del personal de Nucete, el mayor productor de aceitunas, que evidenciaba un problema más global que estaría afectando a un número significativo de firmas de las economías regionales.
Las DJAI frenaron importaciones sin discriminar entre países socios y no socios; de ahí que unos 40 países –incluidos integrantes de ALADI- han elevado diversas quejas ante la OMC; Estados Unidos por su parte eliminó a nuestro país del Sistema Generalizado de Preferencias (SGP) y el Japón ha decidido denunciar las presuntas violaciones a las normas multilaterales acordadas, al Órgano de Solución de Controversias de la OMC.
Mientras tanto, nuestro principal socio comercial –silenciosamente– decidió pegar donde más duele: aplicar restricciones a productos alimenticios como aceitunas y aceite de oliva, manzanas y peras, pasas de uvas y vinos, ajos, langostinos y determinados productos lácteos. Esta lista coincide prácticamente con parte de la canasta exportadora de alimentos europea, principalmente mediterránea.
Dicho en otras palabras, al no tomarse en cuenta la crisis en Europa, muchas empresas de economías regionales se encuentran atrapados en una doble tenaza, por un lado las represalias del Brasil y por otra la fortísima competencia europea dispuesta obviamente a colocar todo lo posible fuera de su propia región, en las condiciones y precios a los que fuera menester.
Efectivamente con las DJAI se han reducido importaciones, pero simultáneamente perdemos mercados y exportaciones.
Conviene tener en cuenta las cuentas de ese comercio bilateral para retener la importancia que representa para cada país dicho flujo de operaciones. Para Brasil sus exportaciones a nuestro país representan el 7,5% del total y en las importaciones bilaterales el 6,7%; en ambos casos con tendencia declinante desde el 2009; para la Argentina, las exportaciones al Brasil representan el 20 % del total exportado y las importaciones de ese origen el 27 %.
En el primer semestre de este año, el comercio total del Brasil comparado con el mismo período del año anterior, indicó –1,7 % en las exportaciones y + 3,7 % en las importaciones; en el mes de junio las exportaciones se redujeron 14,2 % y las importaciones crecieron el 1,1 %.
Las variaciones semestrales reflejan la lenta pero persistente pérdida de ritmo mundial y un agravamiento de la situación en junio; pero el comercio con la Argentina señala valores de pérdida muy elevadas en intercambio: el semestre marca 16,0 % de menores importaciones argentinas y menos 8,6 % de exportaciones al Brasil; pero en junio el desplome de ambos lados indica una situación de restricción insostenible del lado argentino con caídas de compras del 30,7 % y de ventas al Brasil del 26,3 %.
Desde mi punto de vista estamos asistiendo a un doble fenómeno, el primero lo que se podría denominar el acto segundo de la crisis iniciada en el 2008 con notorio impacto en el comercio e inversiones a nivel mundial y donde los países centrales tienen menos “poder de fuego” instrumentos que hace cuatro años atrás. Es una etapa de gran incertidumbre, donde las alianzas regionales deben ser preservadas y fortalecidas.
El segundo, que se puede ver con claridad en estos meses, es la importancia de las relaciones internacionales de carácter económico-comercial frente a un escenario de crisis y que la elección de los instrumentos de protección y su utilización son claves, a la hora de evitar consecuencias indeseables en materia de pérdida de mercados, exportaciones y de socios relevantes.
La experiencia argentina en este período resulta clave al respecto.
