Pese a la lejanía, la crisis de Egipto puede impactar en petróleo y granos
El país de las pirámides tiene un rol estratégico en la zona del Canal de Suez. Además se había convertido en un creciente comprador de granos de Argentina.
La lejanía geográfica entre América Latina y Egipto, unida a que sus lazos económicos directos son prácticamente insignificantes, hace suponer que la región no sufrirá ningún coletazo directo de la crisis egipcia. Sin embargo, si la inestabilidad se extiende a otros países de Oriente Medio, podría provocar una escalada en los precios del petróleo y una apreciación del dólar, moneda refugio ante episodios de inestabilidad internacional, lo cual afectaría las brillantes previsiones de crecimiento de América Latina.
En el caso de la Argentina, también podría haber algún efecto en el creciente rol de cliente que Egipto venía trayendo para nuestros granos.
Mientras prosiga la inestabilidad política la economía egipcia se deteriorará. Pero como su peso en la economía mundial medido en paridad del poder de compra no alcanza el 0,7% del total, es demasiado poco como alterar por sí solo el crecimiento mundial, y menos el de América Latina, con quien mantiene débiles lazos económicos. Por lo tanto, el impacto podría quedarse en la noticia que conocimos el pasado día 5 de febrero, según la cual la crisis egipcia ha provocado la cancelación de la III Cumbre América del Sur – Países Árabes, que debía celebrarse en Lima.
Sin embargo, históricamente la inestabilidad política en Oriente Medio ha llevado a un crecimiento de los precios del petróleo, que se ha traducido en recesiones globales. Sucedió así en las crisis del petróleo de 1973 y 1979, y, en menor medida, en la recesión de principios de los años noventa, que vino precedida por la primera guerra de Irak.
“La crisis egipcia podría contribuir a una nueva escalada del precio del petróleo, que ya se encuentra por encima de los 100 dólares, al menos por dos canales. Primero, a través de la extensión de los vientos de cambio a otros países de la región. Esto incrementaría el riesgo geopolítico incentivando la acumulación de reservas (estratégicas y especulativas) en los países consumidores”, evaluó la publicación chavista GISXXI, especializada en temas petroleros.
Segundo, por problemas de transporte que afecten tanto al Canal de Suez (Egipto) como a los estrechos de Bab el-Mandeb (Yemen) y, sobre todo, Ormuz (entre Irán y Omán), por el que circula más del 20% del petróleo mundial. En todo caso, estas interrupciones en el transporte se podrían amortiguar tanto mediante las reservas estratégicas que tienen los países consumidores como mediante el uso de rutas de transporte alternativas y la existencia de cierta capacidad para que los países exportadores aumenten la producción rápidamente, dijo la misma publicación.
Por último, hay que tener en cuenta que el aumento del crudo tendría también un efecto al alza sobre el precio de las materias primas y los alimentos, ya que es un input tanto para su producción como para su transporte. Y dicha escalada se sumaría al boom de commodities en el que nos encontramos.
Si la situación en Egipto evoluciona y si no hay contagio hacia otros países, este escenario no debería materializarse. Pero si no es así, el incremento en el precio del crudo podría tener efectos globales, incluyendo a América Latina. Por una parte, generarían un aumento de la inflación que podría forzar a los bancos centrales a elevar los tipos de interés, lo que podría truncar la débil recuperación económica de los países avanzados, sobre todo en España y en Estados Unidos, que sí comercian de forma significativa con América Latina.
Por otra parte, en los países latinoamericanos exportadores de petróleo y de otras commodities, mejoraría aún más la relación real de intercambio. Además, la apreciación del dólar aumentaría la competitividad precio de sus exportaciones. Aunque algunos pudieran verse beneficiados en este hipotético escenario de inestabilidad, para todos ellos, incluso para los grandes exportadores de hidrocarburos, sería preferible una transición pacífica en Egipto. América Latina está creciendo con fuerza pero tendría dificultades para absorber una nueva recesión en los países avanzados generada por un nuevo shock del petróleo.
En la Argentina
Para los analistas del mercado granario, la crisis de Egipto puede arrojar algún impacto en las ventas de argentina. El analista Pablo Adreani aseguró que Egipto importa más de 1,1 millones de toneladas de maíz por año; 600.000 toneladas de poroto de soja; 400.000 t de pellets de soja; 250.000 t de aceite de soja, y 70.000 t de aceite de girasol. Estamos viendo que en total Egipto compra de la Argentina más de 2,5 millones de toneladas entre granos, subproductos y aceites.
Acerca de las importaciones totales de Egipto en el complejo soja, llegan a 1,75 mill./t de poroto; 410.000 t de harina, y 250.000 t de aceite de soja, en su mayoría de la Argentina; 850.000 t de aceite de palma, y 450.000 t de aceite de girasol. “La gravedad de la crisis egipcia podrá tener entonces un impacto directo sobre las exportaciones argentinas a dicho destino y al norte de Africa. La única duda es poder estimar si la firmeza de la demanda actual de alimentos es tan sólida que pueda hacer pasar desapercibida la caída de la demanda -al menos en forma temporal- de Egipto y del norte de Africa”, indicó Adreani.
