Tiempos complejos
Algunos efectos no deseados del retroceso de los países desarrollados comienzan a ser visibles y como no podía ser de otra manera, se reflejan en una desaceleración del comercio mundial.
En un tiempo se decía que cuando Estados Unidos estornudaba, México caía con gripe, señalando de esa manera el grado de dependencia de uno con respecto al otro.
Actualmente tenemos a Estados Unidos engripado, a la Eurozona en terapia intensiva y a Japón tratando de salir de las consecuencias del terrible terremoto que afectara parte de su territorio. No es por lo tanto, una tarea menor intentar pronosticar cuanto de contagio y porque tiempo afectará esta situación a los países emergentes y en desarrollo.
De hecho y teniendo en cuenta datos y proyecciones de la prestigiosa revista The Economist y su unidad de inteligencia –EIU– para la Eurozona volver al PBI del 2007, antes del comienzo de la crisis, necesitaría como mínimo dos años mas o sea lo recuperaría en el 2014. Es indudable que si los líderes europeos no se “ponen las pilas” algo muy serio sucederá antes de esa fecha.
Para los Estados Unidos, la situación parece algo mejor, el año que viene estarían retornando al PBI del 2007, pero hay que recordar que mientras la población europea crece muy lentamente, en algunos países decrece, la demografía norteamericana es diferente hay mas inmigración y una población más joven en promedio y mucho mas acostumbrada a salir del paro con rapidez. Hay que remontarse a la Gran Depresión para encontrar que el 17,2% de los jóvenes norteamericanos de 18 a 25 años están desempleados y sin posibilidades de oportunidades cercanas de hallar trabajo.
Mientras esto sucede en el mundo desarrollado, China verá su PBI del 2012 aumentar un 55% con respecto al 2007. ¿Será posible que los emergentes encabezados por ese país puedan “despegarse” tan fuertemente de lo que ocurre con los PD, o habrá ciertas consecuencias para el resto del mundo en desarrollo?
Algunos efectos no deseados del retroceso de los países desarrollados comienzan a ser visibles y como no podía ser de otra manera, se reflejan en una desaceleración del comercio mundial; por ejemplo en el caso chino ha habido caída de las exportaciones a la UE y Estados Unidos, en el primer caso las cifras están indicando una pronunciada tendencia negativa volviendo a volúmenes de hace 15 años atrás. Como la UE como conjunto, es el principal cliente chino las expectativas indicarían que en el 2012 ese país podría tener por primera vez saldo negativo en su balance comercial, desde que comenzara su proceso de apertura en los 80.
Se estaría produciendo de esta manera, ya en forma sostenida, la hipótesis de que el mercado chino interno vaya supliendo en forma progresiva a las exportaciones, como motor central de su economía.
En Estados Unidos mientras tanto, las dificultades de encontrar una salida a la crisis y las negativas de la mayoría republicana de tratar las propuestas del presidente Obama en cuanto a creación de empleo y de reforma tributaria eliminando determinadas ventajas tributarias a las ganancias de capital, han llevado al Senado norteamericano a sancionar una ley que establecería derechos compensatorios a los productos provenientes de países que manipulen su tipo de cambio para favorecer sus exportaciones.
El objetivo claro es castigar el presunto artificialmente devaluado yuan. Ha habido doce intentos anteriores en el Congreso que fracasaron en este sentido, pero lo grave es que gran parte de ambas bancadas lo votaron, lo que indicaría que muy probablemente también los diputados –Cámara de Representantes– lo aprobarán. Si bien el presidente Obama tiene facultades de veto, no resulta muy claro si va a estar en condiciones de hacerlo frente al panorama electoral que se avecina.
Este tema no es menor, porque lo único que faltaría para hacer más complicada la situación internacional, sería iniciar una guerra comercial a gran escala que obviamente no quedaría sólo circunscripta a Estados Unidos y China dado el tamaño de ambas economías y su peso en el comercio mundial. Si bien los congresistas norteamericanos han aprobado recientemente los largamente demorados TLC con Panamá, Colombia, Perú y Corea del Sur que llevaban 4 y 5 años de espera, resulta claro que el ambiente norteamericano a favor del libre comercio ha desaparecido casi totalmente y que poco importa que de acuerdo a las reglas multilaterales vigentes de la OMC no es del ámbito de su competencia las cuestiones vinculadas al tipo de cambio.[1] Lo grave sería que se llegara a votar favorablemente esta ley pues pondría en jaque todo el sistema multilateral de comercio y un retorno al proteccionismo cuyas consecuencias son impredecibles.
Varios países emergentes entre ellos Brasil, han prendido las luces amarillas frente a un 2012 muy complejo, bajando las tasas de interés de referencia, ante una perspectiva inflacionaria mas baja producto de la menor actividad económica y de precios volátiles en commodities, pero con tendencia negativa. En este sentido, ya se han producido reducciones significativas en metales, mientras los de productos agrícolas han disminuido más ligeramente y su perspectiva es relativamente estable para el año 2012 previéndose una reducción no mayor al 12 % en promedio.
La disminución de las tasas de interés en el caso brasileño, hace menos atractiva la entrada de capitales y por ende facilita una depreciación lenta y progresiva del real haciendo más competitivas sus exportaciones en un escenario donde el crecimiento económico para el año venidero no superaría el 3,5 %.
Resumiendo: Es evidente que en tiempos tan complejos lo conveniente para un país como la Argentina, es ajustar aquellas cuestiones que liman la competitividad a sus exportaciones y por lo tanto sería prioritario disminuir rápidamente la inflación interna a los niveles internacionales y reducir el complejo sistema de subsidios que afectan las indispensables inversiones en infraestructura y energía.
[1] Las cuestiones vinculadas a los tipos de cambio serían del ámbito del FMI. Sin embargo, recientemente el gobierno de Brasil ha solicitado un estudio en la OMC para evaluar las consecuencias desde el punto de vista del comercio de la denominada “guerra cambiaria”. En este caso Brasil identifica al dólar USA y al yuan como las monedas más afectadas por políticas devaluatorias
