Una Argentina sólida y competitiva
No habrá crecimiento sostenido sin una estrategia para aprovechar las oportunidades que brinda la economía internacional, como lo demostraron Corea y, de manera más modesta, Chile.
La historia parece dirimirse en ciclos que poseen una dinámica natural, como un suceso inevitable. La sabiduría está en detectar esos eslabones que transforman la experiencia en maduración y fortalecen el crecimiento. En lo que hace a la economía, dos aspectos son claves para la evolución de nuestro país: lograr una sólida resistencia a los shocks internacionales y, sobre todo, ser competitivos.
En primer lugar, es importante considerar los cambios originados en el contexto externo, dado que el desarrollo de cualquier país depende de las oportunidades y amenazas que plantea este escenario.
Mapa global
La economía global se trasformó de manera notable en los últimos 40 años: se afianzó la globalización impulsada por la creciente importancia del comercio y los flujos de capitales. También se modificó de manera significativa el equilibrio del poder. El nacimiento del euro significó para el dólar la aparición de un competidor, mientras que el crecimiento de China desplazó el eje económico hacia Asia.
Esto fue delineando un nuevo contexto de producción global. Las grandes multinacionales trasladaron su producción mecanizada a los países asiáticos, aprovechando las ventajas de costos, y las economías desarrolladas se concentraron en la innovación, las nuevas tecnologías y una mayor densidad de servicios.
¿Y el sur?
¿Qué pasó en el sur? A pesar de las oportunidades sin precedentes que trajo el boom de materias primas, Latinoamérica mantuvo su estatus exportando recursos naturales. Ningún país viró hacia la industria o los servicios de alto valor agregado.
Así, la región se mantuvo al margen frente a las nuevas cadenas globales de valor, reteniendo la producción y exportación de productos primarios. Argentina no fue la excepción y siguió sin poder poner en marcha un proceso de crecimiento sostenido.
Enseñanzas
En este marco, la experiencia permite extraer dos enseñanzas que podrían ser útiles para nuestro país. La primera es que no habrá crecimiento sostenido sin una estrategia para aprovechar las oportunidades que brinda la economía internacional como lo demostró Corea y, de manera más modesta, Chile.
La segunda es que integrarse en la economía mundial no es sencillo. Desde el lado financiero porque la economía queda más expuesta a shocks de origen externo, y desde el punto de vista comercial porque hay que ser competitivo en ramas con alto valor agregado. Aunque los recursos naturales son la base para acumular el capital, lamentablemente contar con ellos no basta.
De estas dos lecciones se deduce que Argentina tiene que ser sólida para resistir los shocks internacionales, pero sobre todo competitiva y una macroeconomía sana es una condición necesaria para lograr estos dos objetivos. Esto es, evitar las situaciones de dominancia fiscal que llevan al descontrol monetario o al sobreendeudamiento externo. Y además, mantener precios relativos en línea con los fundamentos de la economía, lo que incluye el tipo de cambio, los salarios y las tarifas de los servicios públicos.
El camino de la inversión
Pero para ser competitivos hará falta más. Se debe aumentar la productividad y el camino es la inversión, la incorporación de tecnología, una infraestructura adecuada y el desarrollo de instituciones creíbles que aseguren un buen clima de inversión y bajos niveles de conflicto social.
Nuestro país se apoya en tres plataformas productivas –alimentos, energía y minería–, pero para aprovechar esta ventaja, como así también sus encadenamientos sobre otros sectores de mayor valor agregado, es necesario recuperar y fortalecer las condiciones que definen la competitividad sistémica.
Esto requiere el diseño de un plan integral de adecuación de la infraestructura vial, ferroviaria, portuaria, fluvial, aeroportuaria, comunicacional y energética. También será menester potenciar el Sistema Nacional de Innovación, ampliar la base y la calidad del sistema educativo y apuntalar el mercado financiero local. También demandará definir una estrategia de inserción externa, donde la clave pasa por recuperar la alianza con Brasil, pero también revalorizar el Mercosur.
Argentina se prepara para un nuevo ciclo histórico en un mundo que continúa brindando oportunidades. Es el momento clave para definir una estrategia competitiva que prevalezca como prioridad en la agenda de desarrollo.
Fuente: La Voz del Interior
