
El Gobierno de Milei juega su suerte a las elecciones
El objetivo político actual del Gobierno de Milei es de muy corto plazo: obtener un buen resultado en las elecciones de PBA el próximo 7 de septiembre y en las nacionales de octubre. De ahí en más empezarían a tallar los objetivos económicos que hoy sólo se reducen a llegar a esas fechas con baja inflación y un tipo de cambio sosegado. Han quedado relegados –por ahora- los objetivos de reactivar la economía, dinamizar la producción y acumular reservas.
Por el momento, mantener controlada la inflación es una tarea que se le está haciendo bastante llevadera debido, en parte, a una demanda deprimida. El ancla salarial que surge de actualizar salarios por debajo de la inflación han transformado el consumo de los argentinos que ahora cuidamos los ingresos y ya no convalidamos aumentos. El pass through no está funcionando como lo dice la teoría, ya que desde la liberación del cepo la suba del dólar no se ha trasladado a los precios que mes a mes muestran una inflación en baja.
Al respecto, vigilar la cotización del dólar es, probablemente, la tarea que mayor esfuerzo le insume al Banco Central y que está provocando un desgaste de la imagen de los funcionarios ante los ojos del mercado, que ya no ve riesgos económicos sino políticos. Argentina ha pasado por administraciones de gran caudal político y quizás no tantas capacidades técnicas en la administración de las variables económicas y financieras; por lo que crisis como estas eran cuestiones más disimulables.
Paradójicamente, quien conduce hoy el destino del país y gran parte de su equipo, tienen conocimientos, experiencia y trayectoria en temas económicos y financieros pero la evolución de esas variables en las últimas semanas dista mucho de estar bajo control. Y las últimas afrentas del Parlamento han desnudado el escaso respaldo político que hoy tiene.
Al mercado le cuesta entender el manejo financiero que se está haciendo y castiga la falta de claridad y el doble discurso. Los intentos por corregir los errores han naufragado en un mar de desconfianza que profundiza el desconcierto. La política monetaria que al inicio de la gestión se mostró sólida y enfocada hoy se ha vuelto errática y discrecional. Se “liberó” la tasa de referencia y el mercado perdió el rumbo, llegando a pasar de una tasa de 1% al 50% en menos de 24 horas. En este contexto la posibilidad de hacer negocios es sólo para los traders. El comercio, la producción y la industria se paralizaron. La actividad económica que apostaba a repuntar este año luego de haber soportado un 2024 de ajustes y normalización macroeconómica, hoy sólo espera que en algún momento vuelva el orden y la calma porque el contexto actual no permite hacer proyecciones ni plantear planes de negocios.
El folclore argentino indica dolarizarse antes de una elección y por esa razón la variable que se sigue de cerca es la cotización del dólar. Ante estas elecciones de medio término que parecen estar sobrevaloradas para la mayoría de los ciudadanos de a pie, el Gobierno está actuando preventivamente cometiendo un error tras otro y autoinflingiéndose el castigo del mercado, que no perdona la falta de rumbo, de claridad, las idas y vueltas normativas y el doble discurso. El mensaje es claro: no se necesitan más parches, hay que barajar y dar de nuevo, sin amenazas de lo que pasará luego de las elecciones, como lo hizo recientemente el Ministro Caputo. Tic, tac, tic, tac. Stay tuned!

