¡Atentos! No sería bueno pegarse un tiro en el pie
La biblia del Gobierno reza que el superávit fiscal y el control de la inflación son objetivos inclaudicables. Y aunque el dato de inflación de marzo conocido en la semana haya mostrado –una vez más– que no sólo ha frenado su descenso, sino que sigue aumentando algunos céntimos, las declaraciones del Presidente y su Ministro de Economía ratificaron el objetivo de bajarla hasta su aniquilación. En el caso del superávit fiscal, los datos mensuales siguen siendo positivos, aunque los ingresos muestran una dinámica bajista. En el trade-off entre los objetivos establecidos como prioritarios y la recomposición del consumo y la actividad, el Gobierno prefiere no renunciar al superávit y al control de la inflación.
Esa elección no es objetable per se. Sin embargo, postergar medidas tendientes a recuperar mínimamente el consumo de los hogares y la actividad en sectores económicos que enfrentan condiciones desafiantes podría convertirse en un tiro al pie. Puertas afuera, el Gobierno de Javier Milei sólo cosecha reconocimientos, aplausos y reverencias. Puertas adentro la historia es algo diferente.
Si el año 2027 será un año de elecciones presidenciales, el año 2026 es clave. El electorado vota con el bolsillo y, asumiendo que la dupla Milei-Caputo no echaría mano de un Plan Platita que no hizo más que llevarnos a una inflación ruinosa, entonces deberán crearse las condiciones para que la actividad, el empleo y los salarios mejoren. Esos son los acertados reclamos que hoy hacen los argentinos de bien. Si las condiciones macroeconómicas se terminan de ordenar y los precios relativos finalmente se van corrigiendo, las mejoras llegarán en algún momento. Pero los tiempos electorales y políticos no se rigen por “algún momento”, tienen un calendario; y en Argentina indica que estamos a un poco más de un año de empezar a definir el voto.
Sería éste un buen momento para, sin renunciar a los objetivos de la biblia de LLA, tomar medidas tendientes a que la macro ordenada se refleje en los bolsillos de los argentinos, en los comercios, las industrias y en la construcción. Hasta ahora, la sociedad argentina “ha bancado la parada”. Eso habla más de la nefasta situación de la que venimos tras años de una política populista que flaco favor nos hizo como país y que dejó un lastre que todavía estamos tratando de sacudirnos, hacia una situación económica y social que nos conforme. Llevamos muchos meses con inflación baja y es una batalla que ya damos por ganada. Ahora nos preocupan el empleo y el poder adquisitivo que se han ido malogrando lentamente. Los ciudadanos hemos entendido que el Estado no puede vivir en déficit porque más temprano que tarde echa mano a la maquinita para financiarlo, y terminamos pagando entre todos –mucho más la franja vulnerable de la sociedad– un gasto improductivo y demasiados empleados y oficinas públicas inoperantes. Pero perseguir y sostener el superávit fiscal recortando gastos sensibles es un umbral que no debería pasarse. La atención de los afiliados y prestadores del PAMI, de los discapacitados, las vacunas del calendario oficial y gastos de ese tipo no son recortables. Es asestar otro golpe a los hogares que en algunos casos ya toleran salarios devaluados y desempleo; además de volverse rehenes cada tanto de sindicatos de asalariados que reclaman afectando a otros asalariados.
A meses de la próxima elección presidencial podría ser redituable para el Gobierno revisar las prioridades, porque el driver del voto casi siempre es el bolsillo y, si algo hemos aprendido los argentinos en estos años es que no deseamos volver a fundirnos. El trade-off entre inflación-actividad económica podría transformarse en un trade-off entre reconocimiento internacional-voto nacional. Hoy, el pedido cada vez más fuerte es que La Libertad (y los argentinos) Avancen. Stay tuned!

