China y las ventajas de haber adoptado el capitalismo

China y las ventajas de haber adoptado el capitalismo

En 1978, hace cuarenta y un años, cuando China dejó el socialismo para pasarse con armas y bagajes al capitalismo y a la economía de mercado, el gigante asiático tenía un ingreso anual per cápita de tan solo 274 dólares. Cuatro décadas después, hoy, tiene un ingreso per cápita anual de más de 10.000 dólares, más o menos igual que la Argentina actual. El ingreso se duplica cada ocho años. De los 1.400 millones de habitantes del país unos 450 millones constituyen una clase media con ingresos anuales per cápita semejantes a los de los Estados Unidos: entre 35 y 45 mil dólares. La diferencia es que el total de la población de este último es de unos 330 millones. Esto explica el boom de consumo chino superior al de la primera potencia mundial. Por ejemplo, más del 70 por ciento de las exportaciones de carne vacuna de la Argentina tienen a China como destino. Y dentro de poco tiempo se comenzará a exportar significativas cantidades de carne de cerdo con el mismo destino.

Todo este aumento del consumo se debe obviamente a un mejor nivel de vida de la población china algo que ha estado ocurriendo sin pausa y que seguirá ocurriendo desde las reformas introducidas por Deng Xiagoping a partir de 1978.

Una de las consecuencias previsibles, desde el comienzo de esta verdadera revolución (mucho más importante que la finalmente frustrada de 1949 que instauró el comunismo, que tantas esperanzas generó entre la gente de izquierda y que por su fracaso ya pasó a los libros de historia), es que a medida que el país crece y mejoran los ingresos de los habitantes, éstos comienzan a preocuparse por otros temas en los que antes jamás nadie pensaba: la libertad. Tanto la libertad política como cualquier otra de las libertades y los derechos de las personas. En la China actual todavía no existe, por ejemplo, el derecho de los trabajadores a agremiarse o a realizar paros o huelgas reivindicativas. Así que no es casualidad que en la parte del país más beneficiada por el sistema, la región de Hong Kong, haya comenzado la inquietud y la rebelión de la gente por alcanzar las libertades y la resistencia a la opresión de un gobierno que, aunque sea formalmente, sigue siendo comunista, es decir, totalitario en los demás aspectos que no sean los puramente económicos.

Es de prever que a medida que la situación económica de los habitantes vaya mejorando, al mismo tiempo, crecerán por todo el país los reclamos de mayores derechos y libertades. Este es el camino que han recorrido los principales países del mundo que adoptaron el sistema, aunque con diferentes modalidades.

En síntesis: si bien el sistema capitalista, parafraseando a Winston Churchill, es un mal sistema, por lo menos es el menos malo de todos los conocidos. Y así lo han entendido los chinos.

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