La quimera de la moneda común

La quimera de la moneda común

1.- LOS GAUCHOS OLVIDADOS

Hace treinta y dos años, exactamente en julio de 1987, el Protocolo de Integración No. 20 firmado entre los presidentes de Argentina y Brasil dispuso la creación de una moneda común llamada “Gaucho” (¿regiría solamente donde los hay, es decir en la pampa argentina y en Río Grande do Sul? ¿Y Uruguay?). No se tuvo en cuenta, sino que más bien ilusoria y líricamente se pensó poder llegar a la moneda común, que los procesos de integración, como el europeo, recién crean una moneda común al final del mismo proceso y como resultado de lo exitoso del emprendimiento, y no al principio de un proceso integracionista.

Nuestros siempre despistados gobernantes y funcionarios han creído que la historia y la experiencia podrían modificarse por su sola voluntad y en el supuesto  beneficio de sus respectivos países. El proceso de la Unión Europea tardó cuarenta y cuatro años en llegar a una moneda común (el euro) y aún hoy no todos los países miembros la han adoptado (el caso más conocido es el del Reino Unido, que mantuvo a la libra como su propia moneda). Para crear una moneda común, entre otras cosas no menos importantes, es imprescindible crear un Banco Central común, como también se ha hecho en Europa. Pero no solamente eso. Muy lejos estamos en estos momentos de todos estos puntos culminantes de la integración, especialmente desde que el Mercosur está retrocediendo a pasos agigantados por la impericia de sus incompetentes mandatarios, representantes y dirigentes, incluyendo en esta categoría sin excepción a los de los cuatro países miembros. Aunque, bien es cierto que algunos son más responsables del desaguisado que otros. Y no es necesario nombrarlos para no ser demasiado rigurosos en la crítica y porque además, de sobra, todos los conocemos.

Pago en monedas nacionales

Se había previsto entre Argentina y Brasil el establecimiento a partir del 1º de junio de 2007 de la utilización de las monedas nacionales para las operaciones de importación y exportación, por lo menos entre Argentina y Brasil. Posteriormente se anunció que eso sería a partir de octubre del mismo año.

Pero el tema de la moneda entre Argentina y Brasil en el ámbito del Mercosur (ni siquiera se habló nunca estos temas con los demás miembros putativos del mismo) es un tema recurrente. Reaparece de vez en cuando como los cometas en nuestros cielos, aunque sin tan periódica regularidad. En una reunión en 2007 de la entonces presidente electa argentina con el presidente y funcionarios brasileños, el asesor del señor Luiz Da Silva (el señor M. A. García) manifestó que creía que a comienzos del 2008 estaría en curso la moneda común entre Argentina y Brasil… (?)

En realidad, no se entiende muy bien si en Argentina y Brasil, como en el resto del mundo, se utiliza al dólar como moneda para el comercio exterior, porqué ha sido necesario crear un sistema de pagos en monedas nacionales o una moneda común. La facturación de las operaciones en las monedas de los dos países es hasta ahora utilizable, solamente que no la utiliza sino en un muy pequeño porcentaje del total del intercambio.

2.- EL EURO

Desde el 1º de enero de 1999 rige en la Unión Europea una moneda única para las transacciones que no sean en efectivo, teniendo recién forma de billetes y monedas a partir del 1º de enero del 2002. El 1º de julio de 2002 dejaron de circular los billetes y monedas nacionales.

Pero los países que adoptaron el euro debieron cumplir con tres obligaciones básicas. La primera, mantener la estabilidad de las monedas nacionales respectivas con referencia al euro durante el período 1998-2002. La segunda, mantener controlada a la inflación nacional y no superar una diferencia mayor a 1,5 puntos respecto del promedio de los tres países con inflación más baja. Y la tercera, mantener las tasas de interés nacionales en un nivel que no supere en más de 2 puntos el promedio de los tres países con tasas más bajas.  

Atención: estos son los requisitos lógicos para adoptar una moneda común. No parecen actualmente Argentina, Brasil y los demás países del Mercosur estar dispuestos a cumplir esas condiciones tan severas.

3.- LA HISTORIA SE REPITE

En la visita de la semana pasada del presidente del Brasil y de su ministro de Economía el mandatario brasileño manifestó su idea y planteó la creación de una moneda común: el “peso real” lo llamó. De los gauchos del Protocolo No. 20 de 1987 ya nadie se acuerda. Será por eso que se dice siempre que los pueblos que olvidan el pasado están condenados a repetirlo. El Banco Central de Brasil, más prudente, se apresuró a aclarar que no existen actualmente proyectos o estudios para implementar la unión monetaria con la Argentina.

Como dijimos ya hace más de treinta años una moneda común aparece al final de los procesos de integración no en los comienzos. Y es que en el Mercosur todavía estamos en los comienzos porque no solamente no hemos llegado a un mercado común sino ni siquiera a una unión aduanera. Pero, además, ¿cómo tener una moneda común con países tan diferentes por ejemplo en el índice inflacionario? En los mismos diarios en que se informa ahora de la proposición del presidente brasileño también se informa que se espera en Brasil para este año una inflación del ¡4 por ciento! Si en la Argentina tenemos una inflación 10 o 12 veces superior a ésa ¿cómo podría existir con tan enorme brecha una moneda común? Los gobernantes parecen necesitar, una vez más, un baño de realidad.

El Protocolo No. 20 se firmó en la ciudad de Viedma cuando recién empezaba a hablarse de crear un mercado común entre ambos países. Hablar entonces de moneda común era poner el carro delante del caballo. Y hoy también todavía lo es. ¿Recuerdan Vds. que en esa época Viedma iba a ser la capital de la Argentina? Otra quimera. La firma en ese lugar constituyó un mal presagio hecho hoy realidad. Y quizá siga siéndolo por mucho tiempo más.

TodoComex

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