
Entre el alivio electoral y las sombras que aún persisten
El Gobierno de Javier Milei logró atravesar con éxito el sofocón preelectoral. El mercado había olido riesgo político, pero la transición de octubre a noviembre terminó siendo más serena de lo esperado. Es más, esta semana ganó más volumen parlamentario. Aplausos.
Ese mérito existe y debe reconocerse: la Argentina recuperó parte de la confianza perdida y volvió a generar un clima de negocios que, aunque todavía incipiente, se afianza semana a semana. Sin embargo, el rebote anímico convive con un problema que no debería subestimarse. Persisten zonas de penumbra en la comunicación oficial, tanto en Buenos Aires como en Washington, que enturbian señales que deberían ser nítidas.
Los medios económicos más influyentes de Estados Unidos coinciden en un punto: falta prolijidad. Lo dicen fuentes de mercado, analistas del sistema financiero y también referentes parlamentarios norteamericanos que observan con atención la asistencia otorgada al país.
Para un Gobierno que proclama a la transparencia y la previsibilidad dos de sus banderas centrales, este ruido institucional no es un detalle. Más aún cuando, del otro lado, la Casa Blanca tampoco ofrece explicaciones amplias sobre la naturaleza, el alcance y las condiciones del respaldo que viene brindando.
El episodio de esta semana es ilustrativo. Luis Caputo negó categóricamente que hubiera negociaciones en marcha con bancos estadounidenses por un auxilio financiero de veinte mil millones de dólares y rechazó también la existencia de un rescate por cinco mil millones. “Nunca hablamos con los bancos de un rescate, ni de 20 mil millones”, aseguró.
Pero esas afirmaciones chocan con sus propios dichos del 23 de octubre, cuando afirmó que el Gobierno estaba trabajando en “otra facilidad por 20.000 millones”. Al mercado no le gustan las marchas y contramarchas, y menos cuando se trata de información sensible sobre financiamiento.
Paradójicamente, este ruido aparece cuando la Argentina muestra un avance tangible: los bonos cortos en legislación extranjera rinden por debajo del 9% y reaparece la especulación sobre un eventual regreso a los mercados internacionales. El Merval también mostró fortaleza, cayendo menos que los índices tecnológicos de Estados Unidos en plena toma de ganancias global. Incluso Brasil sufrió un ajuste más severo.
El Gobierno ganó aire político y financiero. La oportunidad está a la vista. Pero ayudaría mucho más despejar los velos que todavía persisten y ordenar un mensaje que aparece fragmentado. La confianza se reconstruye rápido cuando hay señales firmes. Y se pierde igual de rápido cuando vuelven las dudas. Ojalá que no ocurra.

