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Milei ante la historia, con pocas cosas para perder

Milei ante la historia, con pocas cosas para perder

Columna por Walter Giannoni.


Cada vez que puede Javier Milei le dice a sus cercanos que no le tiene miedo a la historia. A la inversa de los políticos que él definió como “la casta”, el nuevo presidente afirma que sólo estará en ese lugar transitoriamente, sin vocación por la hegemonía sino decidido a iniciar los cambios que el país requiere para volver a encarrilarse.

Cualquiera le tendría un miedo pavoroso al helicóptero, al destino ignominioso que otras crisis le marcaron a varios presidentes. Pero, se dijeron tantas cosas de él durante la campaña (muchas basadas en sus propios dichos), se le crearon tantas fauces, se puso tanto empeño en generar el miedo, que todo lo que pueda venir apenas puede sumarle nuevas manchas al tigre.

Un poco, le sucede también a Milei lo que a muchos de sus jóvenes votantes: antes que tener que dejar el país para salir a buscar un improbable destino afuera, antes que trabajar en negro para cobrar por debajo de la línea de pobreza, es preferible jugarse por lo incierto, poco más hay para perder. 

Milei llega a la Casa Rosada con una debilidad política extrema. Y a la vez, sin experiencia alguna. Por ello la apuesta es rodearse de su gente en las puertas del Congreso a fin de ratificar en la calle lo que consiguió en segunda vuelta. Lo ayuda mucho que todo lo que lo precedió es de pésima performance.

El problema de Massa candidato no era solo su origen político cercado por el kirchnerismo, sino su absoluta ineptitud para encontrar una salida a la catastrófica crisis económica que agravó todavía más con el plan “platita” (1,5 puntos del PBI) cuyos efectos inflacionario empezamos a sentir ahora. La falta de experiencia de Milei se puede compensar con la inutilidad de quienes gobernaron antes que él.

En los próximos meses son inevitables otros fogonazos inflacionarios, pero ningún libro de economía recomienda otra cosa para recuperar el equilibrio de los precios relativos, que primero sincerar variables. Ahí aparece otro punto: la Argentina escaló tanto en sus desaguisados económicos, que hay capítulos enteros que la ortodoxia no sabe cómo resolver. Un tornillo autoperforante, por ejemplo, vale igual que un viaje en tren en Buenos Aires. ¿Cómo se arregla?

Gran parte del éxito o del fracaso de lo que viene, dependerá también de la sociedad. A veces acusa a los políticos cuando saltan de un lado hacia otro en función de su conveniencia personal. Los argentinos también hemos hecho eso en los últimos años.

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